Atacama para viajeros estelares

En Chile se extiende la región más árida del planeta. Atacama, zona minera por excelencia y destino favorito del turismo astronómico.

10/10/2012
 

 

Vas en un avion monoplaza sobre el desierto de Atacama. Sobrevuelas todos los desiertos. Eres todos los mares, todas las expresiones. Tienes dentro todos los paisajes de todos los planetas, todas las formas. Los recorres volando. Eres un ave colosal. Eres el vuelo de todos los pájaros a través de los cielos. Eres un gran pez que siente venir la fiebre. Llega. Ya está aquí. Sudor frío. Las sábanas están heladas. Afuera hace mil grados bajo cero. ¿Hay alguien en la habitación?

—Le agarró la puna, señor —dice una voz gentil, femenina e indígena.

Sí: el mal de altura. Le puede pasar a cualquiera: es una suerte de bautismo volar de fiebre en el altiplano como reacción a la falta de oxígeno. Aquí el cuerpo tarda unas horas en acostumbrarse. Nada grave. Se irá pronto. Hay que pasar por el abrazo de la fiebre. De vez en cuando hay que venir al desierto, aunque uno no sepa a qué. Tonifica. Reequilibra. El desierto nos recuerda que somos quienes somos, y nada más. Nos hace reconsiderar nuestro lugar dentro del gran esquema de las cosas.

—Atacama está muy alto —insiste la voz.

Es el lugar más árido del mundo. No es para todo el mundo. Ningún lugar lo es. Pero no te fíes de alguien a quien no le gusten los desiertos. Tienes que sentirte solitario en un lugar vacío, al menos una vez en la vida. Atacama no te odia: simplemente le das igual. No ha cambiado en treinta siglos. Ni va a hacerlo en los próximos treinta.

—Y el cielo es hermoso, ya va a ver. —añade.

Giras la cabeza hacia la voz. Pero no hay nadie más en la habitación. Sólo hay una taza con humeante té de coca. Das un par de tragos. Te duermes. O te desmayas, no está claro. Lo importante es que despiertas mucho mejor. Tu sangre se está acostumbrando a las nuevas proporciones de oxígeno. En realidad la culpa no fue de la puna: fue tuya. Del vino. Clos Apalta, cosecha 2005. 78% carmenère, 19% cabernet sauvignon, 3% petit verdot. Hm. Alcohol. Altura. Mala combinación.

Ya es de noche. Sales de tu habitación. Y caminas a cielo abierto. Estás en lo más profundo de la tierra. En los cristales. En los metales. En los minerales. En los manantiales de fuego de los volcanes. En las venas hendidas de las rocas. En el grito del hielo. Estás en Atacama.

La luna acaba de asomar. Es una hostia inmensa; parece subir tan despacio como si tiraran de ella unos hilos invisibles. Está creciente; en esa fase se ve mejor: se distinguen perfectamente los cráteres. Su luz recorta la silueta de las montañas. En realidad son volcanes. En la región de Atacama hay 2.080, nada menos. Desde aquí se ve el Licancabur, frontera natural con Bolivia: alcanza 5.920 metros de altura, y aloja en su cráter la laguna más alta del mundo. A la derecha, descabezado, el Juriques. Y a 29 kilómetros, la Cordillera de la Sal, creada por cataclismos geológicos hace treinta millones de años.

Todo lo que aquí ves es milenario y mineral. Aquí están los mayores yacimientos de cobre, litio, nitrato y yodo del planeta. Hay grandes salares y prodigiosas aguas termales. Todo está entre lo cósmico y lo cosmogónico: hay quien viene a buscar el nexo entre ambos en el cactus sampedro, un tipo de peyote andino. Estamos 22,5 grados al sur del trópico de Capricornio, que siempre da desiertos. Pero ninguno tan yermo, tan seco y tan alto. Bolivia está a 45 km., Argentina a 170 km. Y tú aquí en medio. En este lugar al que los altiplanos dan una atmósfera sobrenatural. Bajo el cielo más cristalino del día y más estrellado de la noche del mundo. Son 340 noches despejadas y 15 días nublados al año. Tienes que tener mucha suerte para ver una nube aquí. La suma de todas las precipitaciones del año no llega a las dos exiguas horas de llovizna.

A San Pedro de Atacama no lo llamarías ciudad, porque son cuatro calles y menos de 5.000 habitantes. Buena parte de ellos se dedica a algo relacionado con el turismo. Otros, a la minería. La verdadera ciudad más próxima, Calama, está a unos 100 km. de aquí. Ahí, en la región de Antofagasta, está la mina más grande del mundo: Chuquicamaya. No le hablen de esto a los 33 supervivientes del derrumbe de la Gran Minería del Cobre. Aquí en San Pedro se vive tranquilo, en casitas de adobe. La gente compra bienes básicos en pequeños colmados. Hay escuela, hospital, algunos bares... Poco más. ¿Has estado en Tilcara, norte de Argentina? Es parecido a esto. ¿En Real de Catorce, México? También tiene algo de ese tipo de lugar fantasmagórico, místico, fascinante.

 

Polvo y salitre

San Pedro de Atacama es un oasis ubicado a 2.443 metros sobre el nivel del mar. Determinan sus peculiaridades meteorológicas una corriente fría, que viene de la Costa Sudoeste, y la Corriente Humboldt, que viene de la Antártida y genera más altas presiones. En medio, la imponente cordillera de los Andes. Hace 10.000 años, al final de la última glaciación, esto era un lago. San Pedro de Atacama tiene unos 3.500 años de edad. Entonces llegó el hombre. De su paso quedan hoy muros de sólo 600 años, y el hallazgo constante de algunas puntas de flecha y obsidiana. Aymaras e incas de la época precolombina y españoles del siglo XVI fundaron las misiones a orillas del río San Pedro. Durante el XIX y principios del XX, Atacama fue centro del comercio de ganado que abasteció a las salitreras. Hoy esto es otra cosa. Ves mochileros buscando wifi. Chicas escribiendo postales impregnadas de polvo. Tiendas con botas, gorros y otras cosas para la montaña. Restaurantes donde comer las especialidades andinas. Posadas coloniales con muebles coloniales. Ya ves: es un centro turístico en toda regla.

Te alejas. Sales del pueblo. Puedes andar con los ojos cerrados y no chocar con nada: Atacama está vacío, es ilimitado, permanece intacto. Caminas y piensas en cualquier cosa. ¿Habrá vida en Marte? En esa duda está la NASA, que anda valorando los parecidos entre las cuevas cársticas del desierto chileno y lo poco que han podido hallar en el planeta rojo nuestros erráticos robots Spirit y Opportunity. Atacama es un desierto de alta seguridad: no hay serpientes, alacranes, insectos maliciosos; al menos a esta altura. No hay nada. Puedes caminar en las cuatro direcciones y –de acuerdo a criterios muy personales– no ver nada. O ver el mundo entero. Aquí la geología es desnuda y salvaje. Afloramientos, pliegues, fallas. Concentraciones de cristal como corn flakes gigantes. Tomas como referencia algún algarrobo. Alguna apacheta; esos montículos de piedra que bien puedes usar para guiarte en los caminos.

Y así llegarías a alcanzar el Valle de la Luna. Está a unos 12 kilómetros de San Pedro. Alguien debería rodar ahí un western. Es ideal recorrer sus cañadas, grietas y quebradas a caballo. Y llegar hasta los médanos, con las caprichosas figuras que forma el viento. Los colores circundantes: mostaza, lombarda, lima, ladrillo... dependerá de la luz. La exigua vegetación es espinosa, achaparrada, chata, resinosa. Las huellas de quebradas son tan efímeras que prácticamente no han llegado a existir. Un paisaje lunar hecho de montañas como husos. Vacío y plenitud. El desierto es un no-lugar de aridez descabellada. Más al Sur alcanzarías el Salar de Atacama. Es, con 80 km. de largo y 50 de ancho, el tercero más grande del mundo. Tiene 80 millones de años. Son 320.000 hectáreas de rocas formadas por la evaporación de la sal. En su composición mineral se detecta la sal volcánica, sin yodo; por eso se sabe que no estuvo bajo el mar. El sol moldea una cerámica suave y blanca con ese barro. Aridez absoluta. Óxido blanco rodeado de montaña. El suelo se resquebraja; parecen muelas clavadas en la encía de la tierra.

En la misma dirección llegarías al oasis de Toconao, pueblo colonial levantado sobre piedras liparitas de origen volcánico; todo está hecho con este material, incluido el campanario de la iglesia del pueblo. Y el oasis de Peine, pueblo del siglo XII por donde cruzaba el Camino del Inca –el que recorrieron Diego de Almagro y Pedro de Valdivia en el XVI–; hoy dedicado a la explotación del litio. Una y otra son tierras de milagrosos brotes verdes; hay maíz, quinoa de altura, papa andina, zapallo... productos libres de la química moderna y enriquecidos por la alta minerabilidad del suelo. Aquí el sol es Inti, la luna es Mama Kiya y la tierra, Pacha Mama.

Hacia el oeste está la Cordillera de la Sal, en cuyos pies se levantaron esos primeros pueblos hace 3.500 años: Camar, Aiquina, Caspana... aldeas emplazadas a orillas de esteros, donde aún se percibe cómo se vivía en el desierto precolombino. Mucho más allá el segundo cráter del meteorito mejor conservado del mundo, el Monturaqui, de 500 metros de diámetro. En coche, a caballo o a pie, podrías ir a cualquier lugar. Sólo es cuestión de valorar en función de la altura. Hay que saber que hoy estás a 2.500 metros, que en un par de días esperas alcanzar los 4.000 ó 5.000, que a final de la semana estarás preparado para llegar a los 6.000. Mil metros al día es una medida aceptable para darle al cuerpo tiempo para adaptarse. Un día puedes ir a la Laguna Chaxa (estación ornitológica que garantiza el encuentro con los flamencos), otro a los géisers de Tatio (los más elevados del hemisferio Sur), otro a los baños del Puritama (cuyas aguas sulfatadas son utilizadas con fines medicinales desde tiempos inmemoriales). Las señales cromáticas siempre serán una fiel guía: ¿hay verde a la vista? Estás en un oasis. ¿Se divisa el blanco? Se trata de un salar. ¿Color café? Son las altas cumbres. ¿Amarillo? Ya estás por encima de los 4000 metros... Hay travesías más largas, de cinco a siete días, con estancias en campamentos de Bolivia y Argentina. Pero la gran excursión puede hacerse sin moverse del lugar. El cielo, ya va a ver, es lo verdaderamente especial de Atacama.

 

Observando el firmamento

En San Pedro de Atacama te agarró la puna. Despertaste mucho mejor. Echaste a andar. Ahora regresas a tu hotel. Y ves algo a lo lejos. Es una pequeña cúpula. Un observatorio. La región de Atacama es de gran importancia en el ámbito astrofísico: aquí se aloja el proyecto ALMA (Account Large Milimeter Array), radiotelescopio de uso arqueoastronómico que funciona desde finales de 2011, a pleno rendimiento ya en 2012. Es el mayor telescopio del mundo y permite no ya ver lo hay, sino lo que hubo. Analiza la materia oscura. El lecho de radiación cósmica. Alcanza a ver 13,4 billones de años hacia el pasado. Pero ese ingenio está más arriba, en el llano de Chajnantor, a 5.000 metros de altura.

El telescopio que tienes delante es un Meade 16” f/10 LX200R Advanced RD. Instrumental de aficionado, pero el mejor que se puede encontrar en ese nivel. Las autoridades turísticas han caído en la cuenta de que San Pedro de Atacama es meca mundial del turismo astronómico, e ideado una feliz estrategia estelar. Hay buenos observatorios en hoteles como éste. Bajo el gran cono hay un ordenador central, con su teclado. Escribes: Saturno. Y Saturno aparece exactamente como un niño lo dibujaría. Tecleas Alfa Centauri, la estrella más cercana a nuestro sistema solar, a 4,5 años luz; aparece su brillo rojo de edad y tamaño de nuestro sol, aunque tiene la mitad de su luz. Omega Centauri, 17.000 años luz: una esfera azulada de millones de estrellas. Jewelbox, el cúmulo de estrellas al que llaman el joyero... Orion. Las Tres Marías. Sirius. 180.000 estrellas con planetas alrededor. El firmamento se mueve de este a oeste. Allá una nebulosa. Una supernova. El sol expande protones y neutrones que chocan en los polos y forman la luz. De esa agitación sale la luz boreal, efecto electromagnético que destruiría nuestra atmósfera, que nos desintegraría si llegara hasta nosotros. Cuanto más lejos ves, más en el pasado te metes. Todo lo que ves en el cielo ya pasó. ¿Puedes verlo?







También te puede interesar...

Si tienes tu lista de bodas en El Corte Inglés y quieres hacernos una consulta, llámanos al
900 373 111
Consulta aquí las
Condiciones de la Lista de Boda
de El Corte Inglés
Si quieres hacer un regalo a los novios haz click aquí o llámanos al
902 224 411
AVISO LEGAL   |   CONTACTO   |   FAQ
Facebook   Google   Pinterest   Twitter      Instagram Linkedin Youtube
¿Eres proveedor de servicios de boda? ¿Quieres ofrecer tus servicios en BodaMás?
902 060 260
Ahorra hasta un 15% en tu viaje de novios, al abrir tu lista de boda en El Corte inglés.
Regístrate
• CLICK HERE TO BUY FROM A GIFT LIST •
IDEAS  > Consejos  > Atacama para viajeros estelares
menu
menu
Buscador
Registro
900 373 111
Atención al cliente
Compartir
COMPARTIR
cerrar
TU NOMBRE:


EMAIL DE TU AMIGO:



EMAIL ENVIADO