She & Him (I)

¿Cómo vive ella y cómo vive él un momento tan decisivo como es la pedida de matrimonio? La historia de Bárbara y Julio. 

13/03/2013
 

Todo empezó (como muchas cosas últimamente) con un meme. Ya os hablé de él hace algunos posts, de cuánta gracia me había hecho y, a la vez, cuánto me había hecho pensar. El meme presentaba a dos recién casados en una sucesión de imágenes que mostraba la emoción gradual de ella y... la de él. Bueno, la de él es un decir, claro. Entonces pensé que sería genial poder hablar con ellas y ellos sobre cómo vivieron ambos un momento clave como es el de la pedida de matrimonio. 

Empiezo esta serie con Bárbara y Julio, una pareja encantadora y súper divertida que vive en Bilbao y que se casó hace ya tres años. Ahora están esperando a Lola, su primera hija, que nacerá en abril. Le envié a los dos las mismas preguntas y cada uno me ha contado su versión de la historia. Empezamos con Bárbara. 

"Era nuestro aniversario, hacía 3 años que nos conocimos, y Julio llevaba algunas semanas diciendo que había preparado algo muy especial porque era un momento especial. Yo no quería hacerme ilusiones, pero nuestros mejores amigos ya tenían fecha, otros se habían casado ese verano y yo había dejado caer algún comentario positivo al respecto (qué felices se ven, es bonito crear una familia…).
Aunque nunca habíamos hablado del tema, para mí era importante que si me lo pedía lo hiciese sin presión y porque realmente quisiera, y no porque pensase que era lo que yo quería o que era el paso siguiente a dar. Julio me llevó a un hotel de 5 estrellas en el que había contratado un bono que consistía en una tarde de spa, una cena romántica y pasar allí la noche… Yo no sabía nada de nada.

Me recogió en coche sin decirme a dónde nos dirigíamos y cuando llegamos al hotel nos estaban esperando con una copa de champán en la puerta, me sentí a lo pretty woman. Subimos a la habitación y había pétalos sobre la cama, unos bombones y una botella de cava. Tenía una terraza inmensa con vistas al mar y un baño espectacular. Yo me dije: '¡Dios! ¡Me lo va a pedir seguro! Esto no se prepara así como así… ¡Anillaco!'. Al momento pensé: 'Jo, soy una cutre. Yo le traigo de regalo un albornoz (había dicho que lo necesitaba) ¿Cómo no has hecho algo más romántico? ¡Tonta! ¡Tonta!'.

Me asomé a la terraza y se veía un jardín precioso con una piscina enorme de las que tienen forma de ameba hortera con islita. Dije, ¡vamos! Pero Julio me corrigió: 'Esto no ha hecho nada más que empezar, nos esperan en un sitio...'. Me llevó al spa, estábamos solos. Era tan chulo, con una cristalera con vistas.  El mejor al que he ido, ¡alucinaba! Luego vino el masaje, momento relax… Y en mi cabeza todo decía: '¡Es ahora! Ah pues no... ¡Ahora! Ah, tampoco. ¿Será en la cena? ¿Será al subir a la habitación?'.

Fuimos a cenar y el menú estaba contratado. La verdad es que era un poco cursi porque todo llevaba corazones y rosas, velas… Pero no me importaba nada, yo me decía: 'En el aperitivo, ¡va! ¿En el primer plato? Ah, pues no... ¿En el postre? Uy, se ha tocado el bolsillo. Nada, solo va a firmar la cuenta'. No sé de qué hablamos porque yo solo escuchaba campanas en mi cabeza. Se levantó y preguntó si íbamos a la habitación. Nos habíamos terminado una botella de un vino exquisito y media de cava y subimos dándonos besos, era la mujer más feliz del mundo.

Pero cuando llegamos a la habitación, se salió a la terraza y yo pensé: 'Oh Dios mío, soy imbécil… No me lo va a pedir, me he hecho ilusiones por nada. Ha preparado todo esto, pero en realidad no tiene intención de casarse conmigo'. Me quería dormir y que fuese al día siguiente. De pronto, Julio entró en la habitación, me quitó un anillo del dedo que me había regalado un año y medio antes, me hizo levantarme y se arrodilló. 'Bárbara, ¿quieres casarte conmigo?'. Yo flipaba. 'Que si quieres casarte conmigo, porque yo sí quiero. Lo he pensado mucho y sí quiero, quiero estar el resto de mi vida contigo'.

Yo no paraba de llorar, era el momento más feliz del mundo. No paraba de abrazarle y de decirle que sí, que yo también quería. Se disculpó, me dijo: 'No he tenido tiempo de comprar un anillo, es que no he parado'. ¡Me daba igual! ¡Lo importante es que queríamos lo mismo! Salté sobre la cama gritando: '¡Voy a casarme!'. Estaba embriagada por la alegría y el vinito de la cena… Luego nos acurrucamos inventando ese día, como lo prepararíamos todo... Fue un momento perfecto.

Dos semanas más tarde me regaló el anillo más bonito que jamás he visto, lo llevo todos los días. Pero lo mantuvimos en secreto, queríamos madurar la idea, cómo iba ser (religioso, civil, lugar, fecha… ). No queríamos contar nada a nuestros padres y amigos hasta no tener claro de qué forma iba a ser nuestro día. A los dos meses volvimos a Almería con la gran noticia y recuerdo contar a mis amigas el momento declaración, aunque no con tantos detalles como ahora… Esos meses hablamos del tema entre los dos, pero la verdad es que nos preocupábamos más de los preparativos. ¡Aunque a veces le pregunto qué se le pasó por la cabeza!". 

Continuará... 







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