El padrino

Reflexiones (metafísicas) de The Pretender sobre esta figura fundamental en una boda después de visionar a Coppola

16/01/2013
 

Hay películas que me gusta ver una vez cada año. Por ejemplo, Barry Lindon, de Stanley Kubrick. También Teléfono rojo, volamos hacia Moscú, también de Kubrick. Y La chaqueta metálica, de... Kubrick. Y El resplandor. Sí, es de Kubrick. Vaya, que me veo toda la filmografía entera de Stanley Kubrick una vez al año, en definitiva. (Y que conste que esto no es porque en el post anterior dije que ahora prefería a Paul Thomas Anderson y me haya sentido culpable y un poco traidor. O bueno, sí).

Otra de las películas que reviso todos los años es El padrino, la trilogía completa. Me fascina. Además, siempre me apetece seguir este ritual en invierno y en una noche de sábado. Me hace sentir más de La Familia, no sé. El sábado pasado me entregué a mi tradición y me di cuenta que una de mis escenas preferidas es la de la boda.

Los pasos de baile majestuosos de Marlon Brando; el plano en el que se ven unos zapatos blancos de niña sobre unos marrones enormes y se intuye a un padre y a una hija bailando quizá por primera vez juntos; los brindis con jarras (literales) de vino; la rosa en la solapa de Marlon Brando... 

Una vez que terminó la película, me quedé reflexionando sobre la importancia del padrino. De una forma también literal, como lo de las jarras de vino que se beben los invitados en la boda de la película de Coppola. Ya sé que por tradición lo elige la novia y que en un 99% por ciento de los casos es su padre, ya que simboliza la entrega de la hija al hombre al que (se supone) él ha aprobado. Pensé en cuántas novias habrían escandalizado a sus familias al no elegir a su padre como padrino. Muy pocas, imagino. Pocas figuras pueden otorgar la confianza, seguridad y emoción que supone caminar hacia el altar, ¿no? Bueno, que me pongo metafísico. El caso es que me puse a investigar sobre el protocolo de el padrino y descubrí cosas que me parecieron tremendamente curiosas. 

Por ejemplo, en Cataluña existe la tradición de que el padrino es el encargado de entregar el ramo a la novia a la vez que recita un poema. También, que el camino hasta el altar ha de hacerse con la novia cogida del brazo izquierdo de su padrino, menos cuando se siga la pompa militar (y haya un sable de por medio (bueno, colgando del cinto del padrino). El padrino es el responsable de los anillos y la madrina de las arras. Y el padrino es el encargado de realizar el primer brindis durante el banquete, acompañado de un discurso. 

Creo que realizar el primer brindis y dar un discurso en la boda de tu hija deben ser dos de las cosas más complicadas del mundo. Y entregarla en el altar. Lo dejo, que me pongo metafísico. ¿Qué diría Marlon Brando de esto? Me encomiendo a la rosa de su solapa. 







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