Boda S.O.S

10 errores de belleza que ninguna novia debería cometer en su gran día contados en primera persona

23/05/2013
 
© Luca Lazzari

"Mi boda era a finales de junio, cuando todas mis amigas ya tienen un bronceado perfecto, y yo estaba pálida como la leche y con un vestido de espalda abierta", cuenta la quinta novia. "Nunca lo había probado, pero decidí hacerme unas sesiones de rayos uva. La primera fue cortita y apenas convirtió el blanco nuclear en blanco roto. Olvidé volver y una semana antes de la boda, me di un intensivo de 20 minutos. Claro, salí de allí achicharrada. Pasado el dolor de los dos primeros días, tuve que hacerme un tratamiento de peeling e hidratación para no pelarme mientras daba el 'sí, quiero'".

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La segunda novia nos cuenta su experiencia en cuestión de manicura. "Creo que el día de mi boda llevé el look que más se adaptaba a mi estilo. Llevé el pelo casi suelto (no me favorecen nada los recogidos) y un maquillaje con ojos ligeramente ahumados y labios naturales. Intenté no sentirme incómoda o disfrazada aunque cambiaría la manicura que llevé. Opté por la tradicional francesa pero creo que es difícil hacerla sin que tenga un matiz algo antiguo. Ahora mismo elegiría sin dudar un rouge intenso, creo que puede reinventar por completo el look de una novia, aportándole un toque de sofisticación poco convencional que consiga romper con el blanco puro. Creo que elegiría el Rouge Red de CND o A-list de Essie", apunta. Además, nos da un consejo acerca de la melena. "También, si llevas mechas o el cabello coloreado, creo que es importante hacértelas una semana antes para que el color “coja forma”. Hacerlo justo el día anterior no es lo más recomendable", termina.

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"Como en aquella época llevaba el pelo largo, me hice una trenza medio deshecha al lado. Una vez superadas las reticencias de la peluquera, que no entendía cómo quería ir ‘despeinada’ en mi boda, le pedí que le diera algo de cuerpo a un mechón que me caía a un lado de la cara porque como tengo el pelo muy lacio me quedaba sin gracia ninguna. Y llegó el temido momento plancha. Me hizo un tirabuzón increíble y le dije que no quería eso, que quería algo más relajado y natural, pero ella insistía en que tenía que marcarlo mucho porque se me iba a acabar cayendo a lo largo del día. Me miré al espejo cuando ya casi salía rumbo a la iglesia y me mojé el mechón. Se me secó en el coche de camino, pero lo bueno es que no quedó mal del todo", nos cuenta la tercera novia. ¿Su mayor arrepentimiento? "A mí me apetecía muchísimo pintarme las uñas de rojo pero mi madre y mi hermana no lo veían y al final me dejé llevar por ellas y sólo me puse un poco de brillo. Hoy cuando veo las fotos de la boda y me veo las manos aún pienso en lo bien que habrían quedado de rojo", confiesa.

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Otra novia nos ofrece un consejo acerca de la preparación preboda del día de su enlace. "Nunca volvería a dejar que me retocaran la manicura al mismo tiempo que me maquillan antes de la boda... Nunca, nunca se seca bien la laca de uñas con prisas....", nos cuenta. En un día tan importante en el que nada puede fallar, lo ideal es que cada tarea tenga su momento y su lugar.

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Nuestra siguiente testigo tiene clara cuál es su anécdota de belleza. "Como llevaba un vestido supermini y fue en mayo en Ibiza, me hice un autobronceado. Y aunque me lo hice en un sitio genial, me exfoliaron y me lo hicieron con mimo, el resultado no fue del todo uniforme y me quedaron algunas manchas", nos confiesa.  ¿Un error a medias? Definitivamente. "La verdad es que no se notaba mucho, por eso tampoco lo considero un error, error. Y creo que, definitivamente, fue mejor que ir blanca cual novia cadáver...", concluye.

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Hablando de errores a medias, otra mujer casada nos cuenta lo que podría haber sido y afortunadamente no fue. "Estuve a punto de cometer un error garrafal. Quise cortarme el pelo una semana antes de mi boda para “sanear”. Al final no lo hice, ya que cualquier cambio en el pelo poco antes de un evento así puede resultar catastrófico", aconseja. Sin duda, cualquier cambio que conlleve riesgo para nuestra imagen, cuanto más lejano a la fecha del enlace mejor.

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La siguiente novia nos cuenta otra experiencia que puede servir a muchas mujeres en proceso de preparación. "En el centro de belleza me convencieron de que la manicura tenía que hacérmela el mismo día de la boda por la mañana para que me quedara perfecta, así que mientras me peinaban empezaron con las uñas. Yo quería una manicura francesa, pero se pasaron muchísimo limando, así que cuando me pintaron “la rayita blanca”, me quedaba justo en medio de la uña", nos cuenta. ¿El resultado? "Me quedaron unas manos que parecía que me había estado mordiendo las uñas toda la noche como una histérica... Cuando llegué a casa, y después de consultar a mi madre, hermanas y toda la familia femenina que pillé por allí, me limpié las uñas y me puse un brillo transparente".

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Otra novia, profesional del mundo de la belleza, corrigió su equivocación a tiempo gracias a su trabajo. "En mi caso no hubo error, o eso creo. Afortunadamente, un par de meses antes de  mi boda, en un viaje a Nueva York con una gran firma cosmética nos invitaron a maquillarnos con sus profesionales. Tras una hora entre pinceles, sombras y correctores, y ante mi gran estupor, me di cuenta de que aunque no había ni la más mínima imperfección en mi rostro, ¡cielos, no era yo!", confiesa. Una experiencia que le sirvió de mucho de cara al día del enlace. "En ese momento, decidí que me maquillaría yo misma el día de mi boda. Y así lo hice. El resultado fue mucho más convincente. Sólo tuve que adaptar los trucos y consejos que me habían enseñado los maquilladores que por mi trabajo había conocido  y entrevistado durante esos años a mi gusto y personalidad. Y funcionó. No era el maquillaje perfecto, pero no iba disfrazada", asevera. Y nos confiesa un dato más: "también maquillé a mi hermana en su boda".

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La última en confesar no se ha casado pero tiene bien claro el error que cometería. "Yo querría pintarme los labios de rojo pero acabaría cediendo y utilizando un rosa influenciada por la opinión de familia y amigos", confiesa. Un desacierto muy común en las bodas es hacer caso a la opinión de los demás. Ante esas circunstancias, un "¿quién se casa?" suele despejar todas las dudas: el gusto de la novia es el que verdaderamente cuenta.

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De errores que se corrigen a tiempo también sabe mucho la siguiente en confesar. "Me pasé toda la mañana en la peluquería escoltada por mi madre, que quería una novia "guapa". Al llegar a casa, fui directa al cuarto de baño y me quité el maquillaje y el recogido. Era verano, estaba morenita, tenía 25 años... ¿qué necesidad? Me reservo la reaccion de mi madre", relata divertida. Una experiencia que demuestra que la belleza natural siempre es la mejor opción.

Marcas antiestéticas de un mal bronceado, un color de labios que no nos termina de convencer, un maquillaje que borra nuestra belleza natural, una manicura tímida –más de lo que verdaderamente nos gustaría– o una peluquera tozuda que obliga, a escasas horas del enlace, a modificar el look desde casa. Toda rosa tiene espinas y toda boda tiene sus inconvenientes, y más cuando hablamos de belleza y de resultados, la mayoría de las veces, incontrolables.

¿La clave para evitar estos inconvenientes? Conocerlos de primera mano con experiencias reales de novias que en su día cometieron o evitaron a tiempo un error que todavía recuerdan en el día de su boda. Manicura –punto clave en este aspecto–, peluquería, maquillaje, tratamientos corporales... La experiencia nos dice que acudir a profesionales de confianza y conocer el resultado de otras vivencias es la mejor solución.

Para materializar un decálogo de riesgos que toda novia debería conocer, le preguntamos a 10 mujeres reales el error que cometieron en su boda o del que afortunadamente lograron escapar a tiempo. Esta es su historia.







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